¿Tomamos demasiados medicamentos por nuestra cuenta? Los riesgos de la automedicación

Nos duele la cabeza y buscamos en el cajón aquel medicamento que tomamos la última vez. Tenemos molestias en la garganta y recordamos que todavía queda una caja de otro tratamiento en casa. Incluso puede ocurrir que alguien de nuestra familia nos recomiende algo porque a esa persona le funcionó cuando tuvo unos síntomas parecidos. Son situaciones bastante habituales y precisamente por eso muchas veces no las identificamos como automedicación ni pensamos demasiado en las consecuencias que pueden tener.

No todos los medicamentos plantean los mismos riesgos ni todas las situaciones son iguales. Existen medicamentos que podemos adquirir sin receta y que están pensados para determinadas molestias leves, pero incluso en estos casos debemos utilizarlos siguiendo correctamente sus indicaciones. El hecho de poder comprar un producto sin receta no significa que podamos tomarlo de cualquier manera, aumentar la dosis porque queremos encontrarnos mejor antes o combinarlo libremente con otros tratamientos.

Una de las razones por las que tendemos a restar importancia a la automedicación es la familiaridad. Si hemos tomado muchas veces un determinado medicamento podemos empezar a verlo como algo completamente inofensivo. Sin embargo, nuestra situación puede haber cambiado, podemos estar tomando otro tratamiento o los síntomas actuales pueden tener un origen diferente. Con los medicamentos, aquello que nos funcionó en una ocasión no tiene por qué ser siempre la respuesta adecuada.

Automedicarnos no consiste únicamente en comprar medicamentos sin receta

Cuando hablamos de automedicación podemos imaginar a una persona comprando directamente un medicamento sin consultar a ningún profesional. Sin embargo, también existen situaciones menos evidentes. Podemos guardar medicamentos de un tratamiento anterior y volver a utilizarlos meses después, tomar los que pertenecen a otra persona o modificar por nuestra cuenta la duración y la cantidad de un tratamiento que ya nos habían indicado.

También debemos diferenciar entre tratar una molestia leve con un medicamento autorizado para utilizarse sin receta y decidir por nuestra cuenta utilizar un fármaco que debería formar parte de un tratamiento supervisado. El Consejo General de Colegios Farmacéuticos señala que una automedicación responsable requiere que la persona esté correctamente informada y recuerda que el farmacéutico puede ayudar a valorar si es necesario utilizar un medicamento, además de tener en cuenta posibles contraindicaciones e interacciones.

El problema aparece cuando confundimos experiencia con conocimiento médico. Haber sufrido varias veces dolor de garganta no significa que sepamos cuál es su causa cada vez que aparece. Lo mismo sucede con molestias digestivas, dolores musculares o síntomas respiratorios. Podemos reconocer una sensación, pero eso no implica necesariamente que conozcamos el problema que la está provocando. Si los síntomas son intensos, persisten, empeoran o aparecen circunstancias que nos preocupan, lo razonable es consultar.

Un medicamento conocido también puede tener efectos que debemos tener en cuenta

Los medicamentos tienen beneficios cuando se utilizan correctamente, pero también pueden producir efectos adversos y presentar contraindicaciones. Esta idea parece evidente cuando hablamos de tratamientos muy específicos, aunque solemos olvidarla con aquellos productos que conocemos desde hace años. Precisamente la familiaridad puede hacer que bajemos la guardia y dejemos de consultar cuestiones tan básicas como la dosis o la duración recomendada.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios mantiene un sistema de farmacovigilancia mediante el que comunica nueva información relacionada con la seguridad de los medicamentos. Entre los aspectos que pueden formar parte de estas comunicaciones encontramos reacciones adversas, contraindicaciones, interacciones y nuevas advertencias de uso. Esto nos recuerda algo importante, la seguridad de los medicamentos se vigila continuamente y la información disponible puede actualizarse.

Por eso merece la pena leer el prospecto aunque conozcamos el medicamento, especialmente cuando ha pasado tiempo desde la última vez que lo utilizamos. También debemos respetar las dosis indicadas y evitar pensar que tomar una cantidad mayor hará que el efecto aparezca antes. Si tenemos dudas sobre cómo debemos utilizarlo o no sabemos si podemos combinarlo con otro tratamiento, preguntar antes de tomarlo es una decisión mucho más sencilla que intentar solucionar después un problema provocado por un uso incorrecto.

Preguntar antes de tomar algo puede evitarnos muchos errores

En ocasiones solamente necesitamos resolver una duda sencilla. Queremos saber si podemos tomar un medicamento junto con otro, si determinada presentación es adecuada para nosotros o cuánto tiempo podemos utilizarla. Tener acceso a profesionales sanitarios nos permite resolver estas cuestiones sin tener que tomar decisiones basándonos únicamente en experiencias anteriores, recomendaciones de conocidos o información que encontramos rápidamente en internet.

En este sentido, Farmacia El Ancla Huelva aclara que el consejo relacionado con el medicamento forma parte de la atención farmacéutica y que, entre sus servicios, cuentan además con un sistema personalizado de dosificación mediante la preparación de pastilleros semanales. Este tipo de herramientas resulta especialmente fácil de entender si pensamos en personas que necesitan tomar varios medicamentos, ya que organizar correctamente las tomas puede ser tan importante como recordar que debemos realizarlas.

Preguntar también puede servir para descubrir que quizá no necesitamos tomar aquello que pensábamos. Algunas molestias leves pueden mejorar con medidas sencillas y otras requieren una valoración diferente. El objetivo no debería ser salir siempre con un medicamento, sino encontrar la manera adecuada de afrontar lo que nos ocurre. Cuando expliquemos nuestra situación conviene indicar también qué tratamientos utilizamos habitualmente, porque esta información puede resultar importante para detectar posibles incompatibilidades.

Mezclar medicamentos puede producir interacciones que desconocemos

Uno de los riesgos de automedicarnos aparece cuando utilizamos varios productos simultáneamente sin comprobar cómo pueden relacionarse entre ellos. Una interacción se produce cuando el efecto de un medicamento se modifica por la presencia de otro fármaco, un alimento, una bebida u otra sustancia. Esto puede hacer que disminuya su eficacia o aumentar determinados efectos no deseados, dependiendo de la combinación concreta.

El riesgo merece especial atención cuando una persona sigue varios tratamientos. Podemos pensar que añadir un medicamento habitual para una molestia puntual no tendrá importancia, pero no siempre es así. También debemos informar de otros productos que estemos utilizando cuando nos pregunten por nuestra medicación. Tener una lista actualizada puede resultar especialmente práctico si tomamos varios medicamentos todos los días y nos cuesta recordar sus nombres o dosis.

Antes de incorporar algo nuevo conviene revisar qué medicamentos estamos tomando actualmente, leer las indicaciones y advertencias del prospecto y respetar siempre las dosis y los horarios recomendados. Tampoco deberíamos utilizar medicamentos prescritos para otra persona ni prolongar un tratamiento por nuestra cuenta simplemente porque todavía tenemos producto disponible. Si no sabemos si dos medicamentos pueden combinarse o aparecen síntomas inesperados después de empezar a tomar uno, lo más adecuado es consultar y resolver la duda antes de continuar. También es importante recordar que dos personas con síntomas parecidos no tienen por qué necesitar el mismo tratamiento. Nuestra edad, nuestro estado de salud y otros medicamentos que estemos tomando pueden hacer que una misma opción no resulte adecuada para todos. Dedicar unos minutos a comprobar estas cuestiones puede ayudarnos a evitar decisiones innecesarias y a utilizar los medicamentos de una forma mucho más responsable.

Los antibióticos son uno de los ejemplos más claros de por qué no debemos decidir por nuestra cuenta

Los antibióticos merecen una atención especial porque su uso incorrecto tiene consecuencias que van más allá de una única persona. No sirven para tratar cualquier infección y tampoco funcionan contra enfermedades causadas por virus como la gripe. Guardar los comprimidos que sobraron de un tratamiento y utilizarlos cuando volvemos a sentirnos mal es precisamente una de esas costumbres que deberíamos evitar.

En los últimos años se ha prestado cada vez más atención a la necesidad de utilizar los antibióticos únicamente cuando son necesarios y siguiendo correctamente las pautas establecidas. Una de las cuestiones que se intenta evitar es que queden medicamentos sobrantes en los hogares, ya que esto puede favorecer que los guardemos y decidamos utilizarlos por nuestra cuenta cuando volvamos a tener síntomas parecidos. Reducir estas prácticas resulta especialmente importante para fomentar un uso responsable de los antibióticos y disminuir los problemas asociados a su utilización incorrecta.

Las resistencias aparecen cuando las bacterias desarrollan mecanismos que permiten que determinados antibióticos dejen de ser eficaces frente a ellas. Por eso debemos utilizar estos medicamentos únicamente cuando hayan sido indicados y seguir correctamente el tratamiento. Si nos quedan unidades una vez finalizado, no deberíamos guardarlas pensando en una futura infección ni entregárselas a otra persona porque presente síntomas parecidos a los nuestros.

Ni siquiera deberíamos modificar un comprimido sin comprobar antes si puede hacerse

Otra costumbre bastante habitual consiste en partir un comprimido porque nos cuesta tragarlo, triturarlo para mezclarlo con comida o abrir una cápsula. Puede parecer una modificación sin demasiada importancia, pero la forma en la que está fabricado un medicamento también puede determinar cómo libera su principio activo y cómo actúa posteriormente en nuestro organismo.

Manipular comprimidos o cápsulas puede modificar la manera en la que determinados medicamentos actúan en nuestro organismo, por lo que no deberíamos partirlos, triturarlos o abrirlos sin comprobar antes si podemos hacerlo. Esto resulta especialmente importante en algunos medicamentos diseñados para liberar su contenido de una forma concreta o que deben administrarse siguiendo unas indicaciones específicas. Si tenemos dificultades para tomar una determinada presentación, lo más recomendable es consultar si existe alguna alternativa o preguntar cuál es la manera correcta de hacerlo.

Esto demuestra hasta qué punto algunos gestos aparentemente pequeños pueden tener importancia. No siempre podemos saber mirando una pastilla si es posible dividirla o triturarla. Tampoco deberíamos suponer que una cápsula puede abrirse simplemente porque nos resulta más cómodo tomar su contenido de otra manera. Antes de modificar cualquier presentación resulta mucho más seguro comprobar las indicaciones correspondientes o consultar a un profesional.

Guardar medicamentos en casa también requiere cierto orden

Prácticamente todos tenemos algún pequeño botiquín doméstico. Puede resultar útil para guardar determinados productos de uso habitual, pero también puede terminar convirtiéndose en un cajón lleno de cajas antiguas, prospectos separados de sus medicamentos y tratamientos que ya no recordamos para qué servían. Revisarlo periódicamente nos ayuda a saber realmente qué tenemos y evita que recurramos accidentalmente a medicamentos que no deberíamos utilizar.

Conviene conservar cada medicamento en su envase original junto con su prospecto y respetar las condiciones de conservación indicadas. También debemos prestar atención a las fechas de caducidad y evitar guardar productos simplemente porque quizá algún día volvamos a necesitarlos. Si un tratamiento fue indicado para una situación concreta, conservar las unidades sobrantes no significa que podamos volver a utilizarlo cuando aparezcan síntomas similares.

Otro aspecto importante es mantener los medicamentos fuera del alcance de los niños. Esto parece una recomendación evidente, pero un botiquín accesible o un medicamento que dejamos sobre una mesa después de utilizarlo puede crear un riesgo innecesario. Crear un lugar fijo para almacenarlos nos ayuda tanto a conservarlos adecuadamente como a controlar mejor qué productos tenemos disponibles en casa. También conviene acostumbrarnos a devolver cada medicamento a su lugar inmediatamente después de utilizarlo. De esta manera evitaremos que quede olvidado en una mesilla, en la cocina o en cualquier otra superficie accesible. Además, mantener el botiquín ordenado hará que resulte mucho más sencillo revisar periódicamente qué medicamentos tenemos y cuáles ya no necesitamos.

Utilizar bien los medicamentos también forma parte de cuidar nuestra salud

La automedicación no debería plantearse como una cuestión de miedo a los medicamentos. Los tratamientos farmacológicos son fundamentales para prevenir, controlar y tratar numerosos problemas de salud. Precisamente porque resultan útiles debemos utilizarlos correctamente. Respetar las indicaciones, conocer la dosis y consultar cuando tenemos dudas son hábitos sencillos que pueden reducir riesgos evitables.

También debemos abandonar la idea de que consultar significa necesariamente acudir a un servicio sanitario por cualquier pequeña molestia. Dependiendo de la situación podemos pedir orientación en la farmacia y, cuando los síntomas lo requieran, acudir al médico. Lo importante es reconocer cuándo estamos tomando una decisión sin disponer de información suficiente y evitar convertir experiencias anteriores en diagnósticos improvisados.

Al final, probablemente todos hemos recurrido alguna vez al botiquín pensando que sabemos perfectamente qué necesitamos. La cuestión es aprender a detenernos unos segundos antes de hacerlo. Podemos preguntarnos para qué estaba indicado ese medicamento, si sigue siendo adecuado para nosotros, si estamos tomando otros tratamientos y si conocemos realmente la dosis correcta. Una consulta breve puede resolver estas dudas y ayudarnos a utilizar los medicamentos para aquello que realmente están pensados, mejorar nuestra salud con el menor riesgo posible.