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Y ahora volvemos al campo

Somos la especie más egoísta que hay en el planeta, aunque esto no es nada nuevo la verdad, pero es que ahora estamos demostrando con creces que lo nuestro no es “velar por el prójimo”, ni mucho menos por nuestro ecosistema o el medioambiente. Con todo esto de la pandemia, el número de mudanzas que se han hecho de la ciudad al campo, o a ciudades dormitorios e incluso a barrios de las afueras se ha incrementado notablemente y ¿por qué? pues básicamente porque ahora lo que buscamos es espacio y aislamiento.

Somos la especie más egoísta que hay en el planeta, aunque esto no es nada nuevo la verdad, pero es que ahora estamos demostrando con creces que lo nuestro no es “velar por el prójimo”, ni mucho menos por nuestro ecosistema o el medioambiente. Con todo esto de la pandemia, el número de mudanzas que se han hecho de la ciudad al campo, o a ciudades dormitorios e incluso a barrios de las afueras se ha incrementado notablemente y ¿por qué? pues básicamente porque ahora lo que buscamos es espacio y aislamiento.

De unos años a esta parte cientos de pueblos españoles se han ido quedando sin residentes y otros, que aún cuentan con un pequeño número de pobladores, de lo que carecen es de gente joven o niños que puedan ser el futuro de la zona. Todos hemos salido huyendo del campo, de las zonas rurales y de las afueras de las grandes urbes para ir acercándonos, un poquito más, a los núcleos urbanos que nos proveían de comodidades que en los pueblos no teníamos. Así, mientras que las ciudades creían de forma desmesurada arrasando con kilómetros cuadrados de terreno por explotar, los pueblos y las áreas más aisladas de las grandes urbes se quedaban vacías, desoladas y casi sin oportunidad de crecimiento. Y a nosotros nos daba igual, o  por lo menos a la gran mayoría.

Yo nunca he tenido un pueblo al que retirarme los fines de semana o en vacaciones, tal vez por eso me gusta tanto la vida rural, y es que mis padres ya nacieron en capital de provincia con mis abuelos residiendo también allí, por eso no puedo hablar de lo maravillosa que es la vida en el campo o en el pueblo, porque no tengo ni la más remota idea y no me las voy a dar ahora de entendida, pero sí soy consciente de los graves problemas de despoblación a los que se enfrentan cada año muchísimos pueblos de la España “profunda”.

Ahora, después de haber vivido un confinamiento domiciliario y con la posibilidad de que una nueva pandemia (o incluso la actual) nos vuelva a mandar a casa por varios meses, son muchos los ciudadanos de las grandes urbes los que salen huyendo de aglomeraciones y pisos pequeños para optar por una vivienda mayor, con espacios al aire libre y, por supuesto, una mayor calidad de vida. Pero claro, como tampoco se pueden alejar demasiado de sus lugares de trabajo al final lo que está pasando es que las conocidas como “ciudades dormitorios” y las barriadas de las afueras de las urbes se están superpoblando mientras que los pueblos pequeños del interior siguen vaciándose y las ciudades se llenan de pisos vacíos con carteles de “se vende”.

En otras palabras y para que quede clarito de lo que hablo: las constructoras se están frotando las manos planteándose la construcción de nuevas urbanizaciones de lujo y chalets adosados en las afueras de las grandes ciudades, destrozando cada vez un poco más el poco paraje natural que nos queda, al tiempo que dejamos pisos vacíos en céntricos barrios. 

Y es que en cuestión de dos meses han realizado más mudanzas desde la capital de provincia hacia los pueblos circundantes como Muchamiel, San Juan o San Vicente, que en todo el año anterior.

Ahora lo que buscamos es espacio, que nuestros hijos puedan salir a la terraza o al jardín a tomar el aire si nos vemos obligados a quedarnos en casa de nuevo y, por supuesto, buscamos huir de las aglomeraciones.

Y es que vivir lo suficientemente lejos del centro de la ciudad como para estar tranquilos y disponer de más espacio por menos dinero al tiempo que estás lo suficientemente cerca como para ir y venir en cuestión de 20 minutos si no hay mucho tráfico nos permite disfrutar de una gran multitud de ventajas.

Conclusión: somos egoístas. Seguimos destruyendo espacios, urbanizando lugares sin necesidad al tiempo que vaciamos lo que ya no nos interesa, ya sean pueblos de interior o grandes urbes.

Qué buscamos en las nuevas viviendas

Eso sí, no creáis que nos conformamos con un piso en las afueras con un buen balcón y ya está, porque quienes tienen la oportunidad de mudarse no son precisamente los que se conformarían con poca cosa sino los que tienen la capacidad adquisitiva para comprar viviendas mucho más grandes que las que ya poseen y con mejores instalaciones.

Las claves son: espacio, almacenamiento, eficiencia, domótica y lujo.

Lo de la eficiencia es comprensible, de hecho no tengo nada en contra. Si yo misma tuviera la oportunidad de mudarme a una vivienda mejor que la que tengo ahora lo primero que miraría sería la eficiencia energética tanto para contribuir en el ahorro energético para el planeta como para conseguir mi propio ahorro en la factura de la luz.

Para esto hay que comprobar varias cosas:

  • Que las paredes exteriores del edificio o vivienda unifamiliar dispongan de cámara de aire y aislamiento.
  • Que los cerramientos (puertas y ventanas) sean de primera calidad.
  • Que la vivienda disponga de un buen sistema de climatización con eficiencia energética.
  • Que los suelos sean cálidos.
  • Y por poner la guinda del pastel, que la vivienda cuente con algún tipo de instalación fotovoltaica para proveerse de energía solar.

Todo esto hay que mirarlo, y mucho, ya que a posteriori podría salir muy cara la reforma. Replús La Vila asegura que el cambio de cerramientos en una vivienda de gama media podría supones un corte adicional de unos 5.000 euros.

Con respecto a la domótica y el lujo (algo que yo unifico porque considero que disponer de domótica en casa es ya, de por sí, un lujo), podríamos decir que hablamos de acabados de primera calidad y de comodidades extra. Por un lado, habría que tener en cuenta el material y la calidad de los suelos o de algunos extras como contar un hilo musical en todas las habitaciones, y por otro deberíamos asegurarnos de que nuestro nuevo hogar cuente con algunas nuevas tecnologías que nos facilitan la vida como el control de la luz por voz o de la climatización.

“Nunca sobran armarios en una casa” ¿Quién no ha oído antes esa frase? Y es verdad, el almacenamiento es importantísimo, por eso las viviendas con armarios empotrados y vestidores suelen venderse antes que aquellas viviendas que no tienen este tipo de almacenamiento de obra. Sidon Armarios, la conocida empresa de armarios a medida madrileña, pone de relieve en su web que un armario empotrado instalado a posteriori puede ser igual de bueno y estético que uno de obra, no obstante son muchos quienes afirman que aquello que se instala después ha de disponer de un espacio (que se quita de otro sitio), mientras que aquello que viene construido de obra ya dispone de ese espacio pensado en plano y, por tanto, es mejor.

Y por último habría que hablar del espacio, tanto externo como interno. Y es que por un lado debemos valorar las instalaciones que nos ofrece la urbanización en la que estamos comprando nuestra nueva vivienda. Me refiero a los espacios comunes como la piscina, el gimnasio o la sala multiusos, pero la realidad es que todos esos lugares (incluidos los deportivos como pistas de pádel o de tenis) suelen cerrarse en caso de Pandemia (ya lo hemos comprobado) y entonces solo podemos contar con nuestro propio espacio privado. En este caso, lo importante ya no es tanto el espacio que nos ofrezca la urbanización, sino el espacio del que dispongamos en nuestra propia vivienda, tanto en habitaciones, cocina, baños o salas de juego como en terrazas y/o jardines.

Ahora bien, el 90% de la población española vive en pisos pequeños de edificios antiguos que no disponen de espacios al aire libre y, a veces, ni siquiera disponen de un pequeño balcón. Es decir, que aunque casi siempre somos TODOS los responsables de las malas acciones de la ciudadanía, en este caso podríamos decir que son los “adinerados” o los más pudientes quienes se llevan la papeleta de “culpable”, más que nada porque es por ellos por los que se sigue construyendo en las afueras de las ciudades y se levantan nuevas urbanizaciones en campos cercanos a las grandes urbes.

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