¿Cómo organizar una despedida de soltero?

La noche más especial para los novios, después de la noche de bodas claro está, es la de la despedida…

Hay que ponerse las pilas ecológicas

Yo hay cosas que no termino de comprender por más que me las expliquen. Los expertos han analizado la situación del planeta, por activa y por pasiva, y nos están avisando desde hace años del peligro de colapso que hay en la actualidad, en muchísimos sentidos, pero concentrados en uno: el cambio climático. Según estos expertos ya es algo que no podemos evitar, aunque sí paliar, y ni los gobiernos ni nosotros como habitantes de este planeta hacemos nada al respecto.

Yo hay cosas que no termino de comprender por más que me las expliquen. Los expertos han analizado la situación del planeta, por activa y por pasiva, y nos están avisando desde hace años del peligro de colapso que hay en la actualidad, en muchísimos sentidos, pero concentrados en uno: el cambio climático. Según estos expertos ya es algo que no podemos evitar, aunque sí paliar, y ni los gobiernos ni nosotros como habitantes de este planeta hacemos nada al respecto.

Hace unos días saltaba la noticia de que la reina Isabel II de Inglaterra estaba consternada, por decirlo de alguna manera, ante la falta de actividad o ante la pasividad de algunos mandatarios de los países más desarrollados del planeta. Ahora me pregunto si hay muchos más como ella o, en realidad, hablamos más bien de casos aislados.

Pocos son los países que verdaderamente se han puesto las pilas al respecto. Por lo que he estado leyendo se salva Findlandia y poco más pero aquí hay que hace un matiz, y es que no es lo mismo ser un país que por naturaleza emite menos CO2 a la atmósfera desde siempre que ser un país que emitía muchísima contaminación y ahora ha logrado reducirla notablemente.

No quiero decir con esto que los países que menos han emitido, desde siempre, tengan menos valor sino que la adaptación que han tenido que hacer, o los cambios a los que se hayan visto sometidos sus ciudadanos, han sido menores y, por tanto, más sencillos para ellos. Por eso, y aunque me parece un mal ejemplo para muchísimas otras cosas, hay que mencionar a Corea del Norte, que ha conseguido reducir sus emisiones de CO2 hasta en un 75%. Por detrás de este país al que es mejor no ir de visita por si acaso no sales vivo, le sigue Ucrania, Moldavia, Armenia, Georgia, Letonia, Lituania…. ¿Casualidad que sean todo países de la antigua URS o colindantes? Yo creo que no.

Esta tendencia podría deberse principalmente al traspaso de energía eléctrica al gas natural —el combustible más ecológico conocido— y la energía atómica, la más eficiente y menos nociva hasta el día de hoy.

¿Y qué pasa con España? Pues por lo visto ocupamos el cuarto puesto en la lista de estados deñl G20 que más han reducido las emisiones de gases contaminantes gracias a las condiciones climatológicas. Esto me parece fantástico, por supuesto, pero ¿tenemos algo de merito en ello? Me temo que no. Nuestro país ha conseguido una reducción del 4,1% debido a que somos, y siempre seremos, sol. El sol baña la mayor parte de nuestro país gran parte del año y eso lo convierte en uno de los mejores para producir energía solar fotovoltaica, es decir, energía renovable, y aunque para producirla hace falta una inversión, me parece bastante obvio que no ha sido mérito nuestro este descenso.

Los coches

Nuestro parque de vehículos sigue siendo, y seguirá así muchos años más, un parque de vehículos donde predomina la gasolina y el gasoil pero no porque la población esté en contra de los vehículos eléctricos sino porque ni tenemos la infraestructura pública necesaria como para que todos los ciudadanos que necesitemos vehículo podamos pasarnos al motor eléctrico ni nosotros, como entes particulares, tenemos la posibilidad ni la economía para hacerlo.

Según datos que maneja la empresa Scoomart, son muchos los usuarios de motos los que quieren pasarse al motor eléctrico pero tienen miedo tanto al gasto eléctrico que conlleva la carga de las baterías como la infraestructura que necesitan para esa carga. Por eso, algunas de sus motos eléctricas son de las más vendidas en España, y es que sus baterías son como un maletín que podemos extraer del vehículo de dos ruedas por la noche para cargarlo en casa, en cualquier enchufe, cómodamente para volver a insertarlo de nuevo en la moto al día siguiente.

Esta comodidad, por supuesto, no la tienen los coches, ya que hablamos de unas baterías de mayor tamaño que pesan demasiado como para hacerlas extraíbles, de ahí que se necesite acceso a un garaje privado con un enchufe especial para poder tener un coche eléctrico de estas características.

¿Y cuándo se supone que debemos pasarnos todos al motor eléctrico? Pues se dice que estos vehículos despegarán realmente en el mercado en 2024, pero que despeguen no significa que en España vayan a ser el vehículo predominante ni mucho menos. Actualmente nuestro país se encuentra a la cola en venta de coches eléctricos en Europa y países como Alemania venden 15 veces más. Pero ¿por qué? Pues yo sigo diciendo que es porque tendremos mucho sol para cargar los vehículos pero no las infraestructuras necesarias como para que cualquier ciudadano pueda tener un vehículo eléctrico y cargarlos cómodamente.

Y mientras tanto la casa sin barrer, como decía mi abuela, porque si bien es verdad que a grandes rasgos poco podemos hacer nosotros como ciudadanos, la realidad es que tampoco es que estemos haciendo muy bien lo poco que podemos aportar. ¿Recicla el mayor porcentaje de la población de nuestro país? La respuesta es no. ¿Cuidamos el gasto de luz y agua en los hogares? Pues tal vez el de la luz ahora sí, más que nada porque un día de estos se nos va a ir todo el sueldo en pagar la factura, pero el del agua no tanto. No quiero poner ejemplos, por eso de que no me miran mal después, pero yo he visto cómo personas adultas se dejan los grifos abiertos mientras se lavan los dientes, o mientras hablan con el de al lado, o mientras frotan un plato e el fregadero, y ya no hablemos de cómo tienen el grifo abierto, dejando caer el agua, más de 15 o 20 minutos sin parar mientras están en la ducha.

Los Gobiernos de todos los países han de empezar a moverse, pero si nosotros que somos el grueso de la población no empezamos a concienciarnos de lo que es viable y de lo que no, poco podemos hacer.

¿Y qué hacemos con las vacas?

También vi la noticia, hace pocas semanas, en todos los telediarios en la que hablaban de que los gases que sueltan las vacas contaminan casi más que el motor de un coche. Y es que el ganado bovino supone una importante fuente de emisión de metano para la atmósfera y para el calentamiento global pero esta afirmación tiene sus matices.

No es el metano que deja salir una vaca al aire lo que contamina tanto o más que un coche sino la mano del hombre que ha metido mano en la ganadería tradicional. Las vacas de forma salvaje no son tan perjudiciales para el medioambiente. Sin embargo, la producción, el consumo y el comercio del ganado bovino para la obtención de leche, carne, calzado etc. ha provocado un desajuste en la capacidad de la naturaleza de absorber sus consecuencias. Es decir, que las vacas no tienen la culpa pero sí la tenemos nosotros.

Esta claro que el planeta nos está diciendo que debemos volver a cultivar como antes, a pastar con vacas como antes y ha producir como antes. ¿Y a qué me refiero con esto? Pues que el sistema actual no es sostenible, pero no porque una vaca se tire más pedos que cualquier otro animal y eso sea lo que esté contaminando el planeta, sino porque hemos cambiado la forma en la que producimos todo, desde leche o carne hasta vegetales y frutas, y tal vez deberíamos volver a lo que hacían nuestros abuelos y bisabuelos hace 100 años.

Está claro que la población mundial ha crecido desde entonces y que la producción ha aumentado por este motivo pero, ¿realmente ha aumentado la producción de alimentos en el mismo porcentaje en el que ha aumentado la población mundial? Yo creo que no. En el primer mundo tiramos comida por doquier y hacemos cosas extrañas como mandar las naranjas valencianas a Estados Unidos para que se vendan allí mientras nosotros nos comemos las chinas porque son más baratas, o las ponen más baratas (según se mire), y eso no tiene ningún sentido, ni para el planeta ni para ninguna mente en su sano juicio. Pero claro, luego ya aparecen los políticos, la globalización, las empresas y el capitalismo que nos dice que cambiar algo que funciona de este modo no es tan sencillo como parece y que un movimiento pequeño en una fábrica española puede ocasionar todo un tornado en Francia, el efecto Mariposa, y que por eso no se pueden modificar las cosas a nuestro antojo.

Bueno, pues quizás a nuestro antojo no pero sí al antojo del planeta porque al ritmo que llevamos ni nuestros nietos vivirán algo parecido a lo que hemos vivido nosotros, ya no te digo generaciones posteriores….

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