Catar vinos es una bonita actividad para nuestro tiempo de ocio

Nuestro país es uno de lugares más ricos del mundo en lo que a cultura gastronómica se refiere y es que más allá de nuestra popular dieta mediterránea, lo cierto es que encontramos otros muchos alimentos que, sin duda alguna, son un verdadero privilegio para el paladar. Si bien, como ocurre con todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas, siempre habrá quien nos diga que este manjar está mejor que el otro o que uno prefiere un plato antes que otro. Esto son gustos subjetivos y es que dentro de nuestro ser escondemos unas particularidades que nos hacen únicos, por lo que no a todos nosotros nos gustan las mismas comidas o no todos nosotros percibimos el aroma y el sabor de un plato igual que los demás. Sin embargo, todos sí que estamos de acuerdo en que una buena comida siempre se ha de regar con un buen caldo y es que los vinos son uno de los complementos más interesantes que nos podemos llevar a la boca. 

España es también uno de los lugares del mundo que puede presumir de tener un buen vino y es que a lo largo y ancho de nuestras tierras abundan las denominaciones de origen que demuestran que no solo producimos, sino que lo hacemos con una calidad realmente importante. Es por ello por lo que cada vez más ciudadanos buscan en el vino, en su turismo, como ocurre con Medina del Campo, localidad que lidera un nuevo proyecto europeo para la profesionalización del enoturismo, en su cata, o en su trabajo, una buena forma de aprovechar los ratos de ocio y tiempo libre. Y es que alrededor de los caldos más famosos de nuestro país existe una gran industria que ayuda a potenciar los productos de la tierra. Así, Giona company es una de las empresas de las que os hablamos y que trabaja con esfuerzo en lograr los mejores productos para potenciar los sabores de los vinos, pero no solo eso, sino que también ofrece a sus clientes las últimas tendencias en productos relacionados con el sector y que, entre otros, ayudan a los catadores a desempeñar su trabajo.

Y es que catar un buen vino es toda una experiencia para los sentidos, por lo que en las siguientes líneas os queremos detallar algunas de esas sensaciones que podemos llegar a percibir.

  • El sentido del olfato nos ayuda a descubrir los aromas del vino. Podemos girar la copa para que el vino se ‘abra’ y desprenda mejor sus aromas. Así descubriremos si se notan más los aromas de la fruta (la uva emula aromas de otras frutas al fermentar: frutas rojas y negras en tintos, y a manzana, cítricos o frutas tropicales en blancos), o si hay olores que vienen de la madera de la barrica (tipo vainilla, café o cuero, por ejemplo). También debemos oler el vino para saber si esta malo… antes de haberlo bebido. No es frecuente, pero puede suceder, especialmente si el vino ha estado mal conservado. El olor del vino ‘avinagrado’ es fácil de reconocer, nos indica que el corcho se ha deteriorado y ha dejado pasar oxígeno y bacterias.

El olor a ‘corcho’ es otro defecto del vino. Viene por una bacteria que entra en el corcho antes de embotellar el vino. Es un olor que estropea completamente todos los aromas del vino.

  • El sentido de la vista va más allá de saber el color del vino. No obstante, comenzamos por lo más aparente, el color del vino nos indica, en primer lugar, su estructura. Si es un vino muy opaco será más carnoso, y será más ligero si es menos denso. También nos permite ver la edad y crianza del vino. Para ello, nos fijamos en el ribete (la parte del líquido que pega con el cristal). Los vinos jóvenes nos muestran un ribete con tonos violáceos, que nos transmite el color puro de la uva. En cambio, un vino crianza, y sobre todo un reserva, tienen un ribete color teja que es efecto de la oxidación que ha sufrido el vino durante el envejecimiento en barrica.

El sentido del gusto, otra de las claves de la cata

En la boca podremos valorar finalmente el sabor del vino, y también su untuosidad, textura, grado de acidez (frescura), grado alcohólico, etc. Nuestras papilas gustativas pueden captar cuatro sabores básicos: dulces, ácidos, amargos y salados. El sabor salado no se puede encontrar en el vino, salvo en el caso de la manzanilla. El amargor del vino viene de los taninos, que pueden dar sensación de sequedad en boca, pero que en su justa medida aportan estructura y equilibrio al vino. El grado de dulzor depende mucho del tipo de uva y de la región donde se haya producido. La acidez se asocia con una sensación de frescura en el vino, y es más común en las regiones en las que hay menos horas de luz.

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